Desde mi primera experiencia en Harbin Hot Springs, comprendí que el agua era el puente perfecto para unir todas mis pasiones: el movimiento, la respiración, la conexión y el amor.
Al descubrir que en Costa Rica existía una escuela de terapias acuáticas, continué mi formación aquí y me certifiqué como practicante de Watsu.
Watsu se ha convertido en el corazón de mi práctica: una danza sagrada de confianza, entrega y unidad con el agua.
Esencia
Soy un ser auténtico, sensible y compasivo, profundamente conectada con el agua y su sabiduría.
Surfista, patinadora y eterna aprendiz del fluir de la vida, llevo alegría, paciencia y presencia a cada encuentro.
Mi intención es acompañar a cada persona a reconectarse con su esencia, a soltar lo que pesa, y a recordar —a través del agua— su propia capacidad de sanar.